Principal

Foros

Notas por mes

Consultorios

El primer consultorio de Amor en Internet

Buscar

Consultas recientes

Mi suegra forma parte de la pareja

 Vínculos Patrocinados
La suegra. Personaje reconocido en la vida de los enamorados, si los hay. Las suegras han sido destinatarias de poemas burlescos, canciones, películas y todo tipo de representación artística, con el solo fin de parodiarla y exaltar sus rasgos más molestos y más destacados de su personalidad y comportamiento. Es indistinto si la suegra es la madre de él o de ella. Es LA suegra y así está definida por algunos como "una especie irrepetible e intextinguible". A las suegras, parece ser, les gusta digital la vida de los hijos siendo solteros, pero algunas también intentan hacerlo cuando están casados o en convivencia, y allí sí que llegan los problemas Cada persona es un ser individual y si tiene la madurez suficiente como para decidir casarse o convivir, está más que dicho que puede decidir por sí mismo y realizar su vida a antojo y placer, según sus elecciones y preferencias. El problema se presenta cuando se le otorga a la suegra un lugar en la pareja, como si fuera un integrante más, que tiene voz, voto y decisión sobre las cosas del hogar de los enamorados, sobre la crianza de los hijos y hasta sobre la toma de decisiones del menú del día. Cuando tengan que padecer un caso así, la primera opción no es discutir con la pareja quejándose de la suegra, sino dialogar tranquilamente y explicar que la suegra NO forma parte de la pareja, sino de la familia fuera del hogar. El segundo paso, es tratar de ser amable con ella pero marcándole el espacio que le dimos pero que ahora le queremos recortar. A veces las suegras tratan de imponer culpas con el viejo discurso de "no me querés" o "así tratas a tu madre que te dio la vida" y frases similares. Hay que explicarle que no es nada de eso, pero tiene que saber que hemos crecido, que hemos decidido una vida en pareja donde ella no está incluída como parte participante y que las decisiones se toman dentro de la pareja. Si la suegra ha invadido, su hijo o hija debe volver a marcarle el espacio que sin querer le ha dado, poco a poco y sin ser bruscos, pero siendo firmes. Es decir, de buenos modales, podemos marcarle un espacio sin que ella lo tome tan mal. Si se convive con la suegra, la cuestión cambia, porque tal vez sea ella la dueña de casa y ahí habrá que actuar con cierta resignación pero con poco silencio.

Convivencia demasiado rápida

El amor tiene esas cosas de la felicidad, de la nueva vida en compañía de alguien que nos atrae y que queremos mucho. También trae consigo las urgencias de la pasión desenfrenada y del querer estar absolutamente cada minuto al lado de nuestra nueva y maravillosa pareja.

La luna de miel dura unos meses, esos meses de “estar en las nubes e ir pisando algodones”, experiencia más que satisfactoria y deseable en cualquier momento de nuestras vidas.

Pero a veces este amor desenfrenado de los primeros meses, nos hace apresurar al tomar decisiones y la idea de convivir es siempre la primera en llegar, porque sentimos que no podemos estar un minuto más sin nuestro amor.

Una convivencia es casi un matrimonio pero sin papelitos, como dicen por ahí. La verdad es que es cierto y convivir no es tan fácil como uno cree al principio de una relación, ya que es compartir muchas cosas y sobre todo, conocerse.

No es recomendable, aunque algunos me digan que sí, tener una convivencia abrupta durante los primeros meses de relación, porque justamente el período de noviazgo sirve para conocerse más allá de los primeros meses de relación, que siempre son maravillosos.

Primero hay que conocerse, disfrutar de cada momento, y ver cómo somos ante situaciones difíciles, ante situaciones bellas y ante situaciones que tal vez no modifiquen a la pareja. Además, la convivencia suma la unión de hábitos y costumbres distintos en lo que refiere a la vida diaria y que a veces a más de uno, lo saca de quicio.

Por eso les recomiendo que antes de convivir, tenemos que conocernos bien, dejar pasar al menos un año de relación y luego recién después de ese tiempo, empezar a conversar y a pensar la idea de vivir bajo el mismo techo.

Nada garantiza una convivencia inseparable, ni siquiera esos tiempos, pero es mejor conocerse bien antes que llevarse sorpresas que pueden ser desagradables o bien que pueden producir roces y resquebrajar la vida de la pareja.

Mi pareja tiene problemas con las drogas

No son pocas las consultas que nos llegan al consultorio del Doctor Amor y que comentan, confiando en nosotros, que tienen una pareja con algún tipo de adicción.

Sean drogas, alcohol o hasta el juego compulsivo, son tan terribles adicciones todas y cada una con una importancia primordial que se debe tratar con especialistas adecuados para que marque el camino a seguir para una buena, lenta y efectiva recuperación.

Si nuestra pareja es adicta a las drogas o al alcohol, es probable que se presenten problemas económicos porque llega un punto en que lo primero que quiere saciar es su adicción y para eso es necesario siempre contar con dinero.

Si el dinero no es el problema, pues lo será el comportamiento y eso también es importante de observar, ya que en algunos casos se presenta un adicto agresivo y culposo, que luego de cualquier discusión pide perdón casi de rodillas.

Pues no tenemos que perdonar, sino poner un límite para que inicie su tratamiento, pero también debemos acompañar a que esto se lleve a cabo.

Las adicciones son muy difíciles de sanar, de hecho quedan latentes y se requiere de un gran esfuerzo y de mucha fuerza de voluntad de la persona afectada. Pero esa persona también precisa de nuestro apoyo.

El apoyo no es perdonar todo y aguantar todo en nombre del amor, sino que implica rección y límites.

Si hay hijos, con más razón, los límites y las conversaciones deberán ser más serias, ya que hay menores de por medio y es por el bien de ellos que se tomen algunas medidas.

Recuerden que amar no es permitir todo para que esté bien, sino que es poner los pies en la tierra y seguir el camino más razonable posible, para que la pareja funcione y para que todos convivan en armonía.

Creo que mi pareja ama a su ex

En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse reza viejo bolero y la verdad es que a veces es tan cierto como que el cielo es azul.

Cuando hemos tenido una relación muy extensa o bien no tan extensa pero bien pasional, profunda e intensa, y que luego termina en buenos o malos términos, es casi imposible que no deje huella.

El tiempo pasa, superamos el dolor, curamos las heridas y nos disponemos a rehacer nuestra vida amorosa, confiando que en la siguiente pareja será mejor y con más amor que nunca.

Todo va viento en popa hasta que… aparece de nuevo un ex o una ex. Para el caso es indistinto, ya que se trata simplemente de un EX.

¿Qué pasa cuando esto sucede? Pues el problema es que suceda y luego cómo nos enteramos de que sucede.

A veces hasta no es necesario que la persona EX aparezca, sino que permanece presente, aunque no físicamente, sino en la cabeza y en el corazón de nuestra pareja.

Si nuestra pareja nos es sincera, nos dirá que sucede de su amor por su ex y nos dirá que nos quiere, pero que ama a su ex.

En el peor de los casos, nos enteramos nosotros por ver mails o cualquier otra señal que confirme que se ama al o a la anterior.

¿Qué hacer? Pues bien, como mi tarea es dar consejos, lo mejor en estos casos es tomarse un tiempo para ver si es una confusión de la pareja o bien es algo concreto. Si es algo concreto, no una infidelidad, sino un sentimiento, tendremos que hacer nuestra valija llena de ilusiones y partir por mejores rumbos, puesto que no merecemos que nos quieran, sino que nos amen.

Muchos dirán que es imposible, que no pueden dejar a su pareja,que no hay motivos, pero… ¿les parece poco motivo que no nos ame? Yo creo que sí, suficientes motivos para irnos aunque nos duela.

¿Por qué? Porque merecemos amor para nosotros, porque merecemos una lealtad del corazón y porque, primordialmente, merecemos ser felices.

Me dejó por mi hermana

Qué temita el de hoy: Mi novio me dejó por mi hermana.

Aquí voy a afrontar el tema desde dos posturas: la postura de la novia dejada y la postura de la hermana roba-novios.

Por el lado de la novia dejada y engañada, pues qué decir. Cuando nos sucede que nuestra pareja nos deja, el dolor es sumamente grande y las heridas tardan mucho en curarse. Pero si a este dolor le sumamos que nuestra pareja nos abandonó para canjearnos por nuestra hermana, el tema toma mayor relevancia.

No es ajeno a nuestra realidad que nuestra hermana olvide ciertos códigos de respeto y se atreva a tener una aventura o bien una relación con nuestra pareja. Bajo el fundamento de “nos enamoramos”, siguen su curso y nosotros padecemos los dolores, que por momentos creemos que nos quitarán la vida. No es así, calma. Nadie nos quita la vida y menos un desengaño amoroso, por más cruel y desalmado que sea.

Si nos paramos del lado de la hermana que roba el novio, o que “se enamora”, vemos que ella no reprime en absoluto sus impulsos amorosos, pasionales o sexuales, y arremete con todas sus armas para conseguir a su cuñado.

¿Qué hacer si nos gusta nuestro cuñado? Pues bien, en primer lugar, hacer todo lo posible para que deje de gustarnos, cosa que suele justificar con un “no puedo hacerlo, es más fuerte que yo”. No señoras ni señores… nada es más fuerte que uno porque es uno quien se gobierna, así que a otro perro con ese hueso. Hay que hacer todo lo posible para no propiciar situaciones donde los cuñados se encuentren a solas, y esto conlleva un grado alto de fuerza de voluntad y de responsabilidad, ya que no es bien visto por nadie ni mucho menos aceptado, llevarse a un cuñado a la cama.

Abundan los casos, tanto en las consultas de nuestro blog, como en la vida misma. Alcanza solamente con ver algún programa de televisión, un talk-show, para ver que esto es moneda corriente.

Entonces, si nos gusta el cuñado, pues fuera. Hagan todo lo posible para evitar verlo, no accedan a situaciones de tentación, pues la carne es débil, y llegado el caso, aléjense.

En el caso de la hermana engañada o abandonada, qué decir. Un hermano es un hermano, entonces, si ven algo raro, dialoguen con su hermana para que esto no suceda. Hombres o mujeres hay muchos, pero hermanos son pocos.

¿La rutina mata al amor?

“El agua apaga el fuego y al amor, los años” reza una canción del gran Joaquín Sabina, pero ¿es totalmente cierto esto que dice el famoso cantautor español?

Pues habrá que verlo y vivirlo en carne propia para saberlo y probar si esta tan temida frase apuesta a la razón.

Cuando una pareja se conoce y comienza a tener un vínculo amoroso, todo es color de rosa. Cualquier cosa que haga cada uno es digno de ser festejado, es todo bello, él es el más cariñoso y ella es la más hermosa de todas.

Pero con el paso del tiempo, estas visiones cambian y él ya es demasiado celoso y ella se ha descuidado y no está como antes.

Bien, el amor es como una plantita, y hay que regarlo, abonarlo y cuidarlo siempre, puesto que no es algo que tiene una entidad propia, sino que esa entidad y esa vida se la damos día a día con amor, tolerancia, compañía, pasión, erotismo y dedicación.

Es real que luego de diez años de pareja, la relación no es la misma, pero puede ser siempre mejor. Un amor, luego de diez años, debería haber evolucionado, madurado, proyectado y cumplido ciertas metas que uno se propone al encarar una relación amorosa seria.

La rutina no mata al amor, al amor lo matamos nosotros al descuidarlo, así que si vemos que algo se está apagando, hay que tratar de reavivarlo con algún shock de sorpresa, con alguna salida, con una fiesta, con una noche de pasión, con innovaciones de cualquier tipo.

Una infidelidad no es el reflejo de la rutina, no hay que confundir.

Y si en rutina, ambos integrantes están bien y satisfechos, también es respetable.

Alimenten el amor, ámense con pasión y proyecten. Nunca dejen de proyectar, de tener sueños y deseos por cumplir, pues eso es la base de la vida misma, y de la pareja.

La presencia de mi marido me molesta

Todos tenemos la creencia y hasta la convicción de que el casamiento es el momento más alto de la felicidad de una pareja y es cuando, entonces, deciden celebrar el amor que se prodigan entre sí sus integrantes.

Todo marcha viento en popa. Se aman con pasión, tienen a sus hijos y trabajan sin cesar como los tiempos actuales lo requieren, para poder mantener un nivel de vida lo más holgado posible.

Pero, como siempre digo, siempre hay un pero. La cuestión comienza a cambiar cuando el hombre de esta pareja se queda sin trabajo o bien cambia su trabajo, por la cuestión que sea, y comienza a estar más horas en la casa o todas las horas en la casa.

Las esposas que están acostumbradas a tener ciertos tiempos dentro del hogar, comienzan a mostrarse molestas con la presencia del marido, presencia que antes nunca habían tenido. Esta presencia modifica las cosas. Las conductas son diferentes, las necesidades son diferentes y hasta los requerimientos del marido se hacen presentes.

Esto produce una crisis interna en la esposa y ella comienza a sentir que su marido, dentro del hogar durante muchas horas, empieza a ser una molestia o un fastidio. Sea porque no hace ni colabora con las tareas, o bien porque al colaborar, termina haciendo las cosas de otra forma. Todo lo que el marido haga, será cuestionado por ella, porque de por sí está molesta por perder su independencia aunque sea por unas horas.

Cuando esto sucede, hay que replantearse si realmente nos molesta su presencia o bien tenemos algún quiebre o fisura en nuestra relación con él.

Es muy común que este tipo de situaciones forzadas haga crisis en los matrimonios y comiencen a ver que ya no hay tanta pasión ni tanto amor, sino que hay un gran porcentaje de costumbre.

Es para reflexionar.

Mi pareja me presiona para tener hijos

Una pareja es la celebración del amor entre dos personas, se constituyan en matrimonio o bien en unión de hecho. El amor no mira los papeles, aunque celebrar una boda es el punto máximo de ese amor y a través de ella, se comparte con amigos y con familia el amor mutuo que se tienen las dos personas.

Los primeros tiempos de la unión traen amor, mariposas en la barriga, mucha felicidad, salidas, viajes, amigos. Es el período de dulzura máxima y donde todo el amor sale por los poros de una manera irrefrenable.

Pero cuando pasa el tiempo, muchas parejas comienzan a evaluar la posibilidad de tener uno o más hijos y este tema suele ser punto de conflicto no pocas veces.

En muchos casos, uno de los integrantes quiere fervientemente convertirse en padre o madre, y la otra parte no quiere, por el momento, tener un hijo. Y aquí llegan algunos conflictos.

Tener un hijo, tradicionalmente, es la materialización del amor entre dos personas, que se unen para traer una nueva vida al mundo, pero cuando esto ocurre por presiones, pues la historia cambia y pasa a convertirse en un problema de la pareja.

Las discusiones porque alguno de los integrantes no quiere tener hijos, por la razón que sea, son bastante frecuentes. Las causas de no querer tener un hijo son particulares de cada persona y pareja y por eso hay que dialogar mucho antes de la unión y durante los pedidos de un bebé.

Más gente de la que creemos tiene miedo de tener hijos puesto que representa un gran compromiso de por vida, en cuanto a la manutención económica como al vínculo afectivo.

Si se presentan conflictos, lo mejor es dialogar y respetarse mutuamente durante estas conversaciones, para poder llegar a un acuerdo, y también indagar y respetar las causas por las que se produce la negación.

No hay que dejarse presionar, sino tratar de llegar a un acuerdo, a un punto en común, donde ambos puedan fijar una fecha estimada de cuando tener un hijo o no tenerlo, llegado el caso.

Recuerden que un hijo es una vida, y no es una mascota que se tiene por gusto, sino como fruto del amor que se tienen.

Falta de comunicación en la pareja

“No sé qué le pasa”, “¿Será que tiene otra?”, “Está de mal humor todo el día”, “Casi ni me habla” y “Ya casi no hacemos el amor”, son frases por demás frecuentes entre los consultantes y entre los que no me consultan.

Suelo responder con una pregunta o con un consejo apuntando hacia el mismo objetivo: “¿Dialogaste con tu pareja?”. La respuesta frecuente suele ser negativa y ahí es donde comienzo con el tema de dialogar, con respeto, sin gritos y sin ofensas, para realmente saber bien qué es lo que pasa.

En los tiempos que corren, donde todos estamos apurados y tenemos dos trabajos, hijos y miles de obligaciones, es común que se presente este tipo de problemas en la pareja, ya que es tal el nivel de aceleración que llevamos, que como estamos con una pareja estable, podemos llegar a descuidarla.

Cuando hay cambios en la pareja, del tipo “casi no me habla”, estamos ante un llamado de atención y hay que indagar para saber por qué está sucediendo.

Habitualmente hay cierto temor o vergüenza en preguntar, en dialogar y hasta por saber. Entonces, el error recae en comenzar a sospechar que hay otra mujer, que la pareja no nos ama y hasta que nos odia.

Suponer no es muy bueno cuando no se tienen bases firmes, entonces lo primero que tenemos que hacer es dialogar, indagar, sin miedos y con sinceridad para que la pareja pueda abrir su corazón, expresar lo que siente y lo que le pasa. No hay otro modo de saberlo.

Una vez que el diálogo está instalado, ya podremos ver si lo que sucede es un problema o es un descuido por la aceleración que antes mencioné o bien, en lugar de aceleración, algún problema interno o algún hecho que haya pasado y que esté preocupando a la persona.

Siempre hay que dialogar todo, lo bueno, lo malo y lo trivial. Prestarle atención a la pareja forma parte de todo el conjunto de hechos que se desarrollan durante el día.

No hay que quedarse quieto cuando uno ve estos llamados de atención, ni hay que dormirse en el laurel porque ya tengamos pareja.

La pareja se alimenta a diario y siempre. La confianza no indica rutina ni abandono, sino estar mejor con la pareja y con uno mismo.

Estoy enamorado de mi hermanastra

Dicen que el diablo mete la cola y hace desastres, pero el amor también se mete, para hacernos feliz, aunque a veces las situaciones se tornen complicadas.

En este caso vamos a tocar el espinoso, o no, tema del enamoramiento de un hermanastro o hermanastra.

Aclaremos primero el vínculo: hermanastros son aquellas personas que no comparten lazos de sangre. Distinto son los medios hermanos que sí tienen un progenitor en común.

Los hermanastros, por definición, no tendrían ningún impedimento para disfrutar de su amor, ya que no comparten más que una vivienda, y esto no se da en todos los casos.

Hermanastros enamorados hay de a miles, lo que pasa es que muchas veces, al igual que el amor entre primos, el problema se presenta cuando la familia se entera del romance y arde Troya.

No es casual que hermanastros se enamoren, ya que ambos están en una misma situación: la ausencia de uno de sus progenitores. Muchas veces esta ausencia causa dolor y hace que los hermanastros se acerquen y se acompañen, y de tanta compañía muchas veces nace el amor.

En el caso de que este amor prospere, lo ideal es comunicarlo a la familia, y mostrar que no hay ningún impedimento para llevar a cabo esta relación, porque el vínculo que tienen es un vínculo de hecho y no sanguíneo.

Igualmente, siempre es mejor esperar que la relación esté firme y una vez que se confirme que la relación funciona y va bien, para luego comunicarla a la familia. Si la relación está fuerte y bien basada, no habrá tambaleos. Solamente habrá que esperar que la familia vea que son felices juntos y, después de un tiempo, acepte esta relación.